jueves, 27 de marzo de 2014

"RECITATIF" - de la escritora afroamericana TONI MORRRISON - Anticipo del taller de lectura de literatura norteamericana




"Ese otoño llegaron las luchas. O por lo menos así las llamaban los diarios. Luchas. Luchas raciales. La palabra me hacía pensar en un pájaro, un gran pájaro gritando en el año un millón antes de Cristo. Aleteando y graznando. Su ojo sin párpado siempre fijo en uno. Todo el día chillaba y de noche dormía sobre los techos. Te despertaba a la mañana y desde el noticiero matutino hasta el último informe te hacía mala compañía. (...) Joseph estaba en la lista de chicos del colegio que iban a pasar a otro de las afueras, y yo pensé que era algo bueno hasta que escuché que era algo malo. Es decir no sabía."





Toni Morrison. Escritora, dramaturga, profesora, activista política. Ganadora del premio Pulitzer en 1988 y del Premio Nobel de Literatura en 1993, entre muchos otros. 

"Recitatif" es un bello hallazgo. Por varias razones: es el único relato corto de esta maravillosa autora y a la vez ha sido traducido por primera vez al castellano por una joven traductora argentina, que nos facilitó esta versión, aún inédita. Tendremos el privilegio de leerlo y de entrar en sus entramados metafóricos que revelan la sombra de la esclavitud. Y también, el dolor y la persistente alegría de la identidad racial. 

Dónde: en el Centro Cultural de la Plaza Castelli, en el ciclo de lectura y análisis de literatura norteamericana. 
Cuándo: todos los martes del mes de abril. 
Más información: www.ccplazacastelli.com


Nuestro agradecimiento a Nancy Elberg, quien nos facilitó su fantástica traducción de Recitatif. 







miércoles, 26 de marzo de 2014

TALLER DE ESCRITURA - Los lunes, ahora en el Centro Cultural Castelli.



TALLER DE ESCRITURA




Escribir como parte de un proceso personal, desde la propia historia, la de los otros. La palabra  como germen: cuando un acontecimiento encuentra forma textual revela hechos conocidos y desconocidos. La escritura tiene fuerzas poderosas, de interioridad profunda. Lleva al plano de la magia y de la ficción.

A partir de cada encuentro escribiremos. Nos leeremos y escucharemos mutuamente. La lectura de otros textos, las ideas que en este espacio se van a dar, serán siempre un motor constructivo, dinámico, para volver a escribir, para retomar, para comenzar.

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Dónde: en el CENTRO CULTURAL CASTELLI. Conde 2050. En frente de la plaza de Belgrano R. 
Cuándo: Lunes de 9.30 a 11.30 h. o 18.30 a 20.30 h.


Más información: al (011) 4555- 7696, www.ccplazacastelli.com


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Dictado por Laura Torres (Buenos Aires, 1971). Escritora, actriz y abogada. 

Taller de lectura de literatura norteamericana - Todos los martes de ABRIL


EXTRA SMALL

Taller de lectura: literatura norteamericana




ESCRITURA EN FORMATO CHICO
tres escritoras y tres escritores
DESNUDAN, ARROPAN, DESPOJAN, COBIJAN, ALBERGAN
A NORTEAMERICA

CINCO encuentros: todos los martes de abril
Lectura de cuentos y análisis del contexto de las obras.

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Dónde: en el CENTRO CULTURAL CASTELLI. Conde 2050. En frente de la plaza de Belgrano R. 
Cuándo: Todos martes de abril, de 19.15 a 21.15 horas.

Más información: al (011) 4555- 7696, www.ccplazacastelli.com

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Dictado por Laura Torres (Buenos Aires, 1971).
Laura es escritora, actriz y abogada. Trabajó muchos años como abogada. Estudió dramaturgia de actor con Cristina Banegas y Pompeyo Audivert. Desde hace unos años, tiene en curso la Licenciatura en Letras Modernas (UBA). Asistió  a talleres de escritura narrativa, que ahora brinda de manera privada.


Breve reseña de cada encuentro
≈ Encuentro UNO ≈

Una introducción necesaria. Los orígenes del sueño americano.  Inmigración: Occidente es el Edén. La herencia puritana. Trabajo y dinero: mucho, pero mucho dinero es un guiño de Dios.
ERNEST HEMINGWAY: hombres de caqui y fusil al hombro. La aventura y el desafío físico que disimulan una agonía. 
Textos: “La vida feliz de Francis Macomber”. “Las nieves de Kilimanjaro”.

≈ Encuentro DOS ≈

FRANCIS SCOTT FITZGERALD. Un poco de glam, aunque dure poco. Cómo sacarle brillo al dolor. Todo es efímero, son los años de entreguerra.  La vida como un hechizo.
Textos: “Berenice se corta el pelo”. “Primero de Mayo”.

≈ Encuentro TRES ≈

JOYCE CAROL OATES. Eterna candidata al Nobel, esta procaz escritora es dueña de una agudeza que desespera. Escribe historias de terror.    
Textos: “¿Dónde vas?, ¿dónde estuviste?”. “Mamá” (fragmentos).  

≈ Encuentro CUATRO ≈

RAYMOND CARVER. Ropajes mínimos: es contundencia y evanescencia a la vez. El “dirty realism”. Cuando la debilidad estructura el sistema.
Textos: “Si me necesitas, llámame”.  “Conversación”.

≈ Encuentro CINCO ≈

TONI MORRISON, escritora, dramaturga, activista. Escribe desde la negritud afroamericana. Su tramado metafórico revela el dolor, y a la vez la alegría de la identidad racial. 

LORRIE MOORE. Esa lógica americana de suavizar lo que está de más, con ironía, humor. La soledad en la ciudad.

Textos: “Recitatif” (de T. Morrison) y “Además, usted es fea” y “Agnes de Iowa” (ambos de Lorrie Moore).

martes, 25 de marzo de 2014

"Agnes de Iowa" _ de LORRIE MOORE. Anticipo del taller de literatura norteamericana.

Agnes de Iowa


"...Por las noches Agnes y Joe hacían yoga mirando un programa de televisión. Era parte de su esfuerzo para no parecerse a sus padres, aunque sabían que el matrimonio implica ese peligro. El desencanto funcional, el hábito blando de la convivencia, habían puesto arruguitas junto a los labios de Agnes, como comillas que indicaran que todo lo que decía ya lo había dicho antes. 

A veces Madeline, la vieja gata gorda y mimada, de pelaje atigrado, que aprovechaba la ventaja de vivir con un matrimonio sin hijos en los años en que debieron tenerlos, venía a echarse junto a ellos, entre los dos. Estaba acostumbrada a sentarse sobre sus rodillas, al afecto y las caricias, aunque a veces desaparecía y pasaban días sin verla. 

Luego la encontraban en el patio, sucia y extenuada, devorando un ratón o comiendo nieve vieja."







Estos párrafos son de "Agnes de Iowa" precioso relato de la escritora Lorrie Moore. 

Vamos a enfrentar con ella la soledad en la ciudad, la precariedad de vida social. Con ironía. Con humor. Desde la lógica norteamericana que ayuda a disimular aquello que está de más. O que no está. 

Dónde: en el Centro Cultural de la Plaza Castelli, en el ciclo de lectura de literatura norteamericana. 
Cuándo: Todos los martes del mes de abril.  
Más información: http://www.ccplazacastelli.com/

lunes, 24 de marzo de 2014

"Mamá" - de JOYCE CAROL OATES. Anticipo del taller de literatura norteamericana.

La última vez

"La última vez que ves a alguien y no sabes que será la última vez. Y todo lo que ahora sabes, ojalá lo hubieras sabido entonces .... pero no lo sabías, y ahora es demasiado tarde. Y te dices: 
- Cómo iba a saberlo?, no podía saberlo. 
Te lo dices. 

Esta es la historia de cuanto echo en falta a mi madre. Algún día de una forma única, será también tu historia."



 Estos son los primeros párrafos de MAMA, novela de la prolífica y recurrente candidata al premio Nobel, Joyce Carol Oates.

Vamos a analizarla. A entender cómo sitúa el gótico en pleno siglo XX y en territorio estadounidense. 
Lo logra, y de repente el terror emerge. 

 Dónde: en el Centro Cultural de la Plaza Castelli, en el ciclo de lectura de literatura norteamericana. 
Cuándo: Todos los martes del mes de abril.  
Más información: http://www.ccplazacastelli.com/

Gladys. Algo aparece. Capítulo CINCO.

GLADYS

ALGO APARECE - Capítulo CINCO 


por Laura Torres


La concha se derretía, se le deshacía por entre los pliegues del pijama. La pelvis, grávida del miedo,  pesaba como una hemorragia. Pasó el peso del cuerpo a un pie y al otro, aspirando y exhalando con el movimiento. Buscó afirmarse.

Se agachó hasta que las rodillas, curvilíneas, apuntaron al cielorraso. Dejó que el centro del cuerpo cayera yerto, atraído por los mosaicos. Parecía querer desprenderse hasta alcanzar el suelo. Una cálida sensación de despojo la invadió.  

Habrá permanecido así unos tres o cuatro minutos, como escondida de las circunstancias. Un bufido o…  un mugido, un sonido que en la distancia se repetía se entremezcló con sus pensamientos. Primero fue una sensación, que fue tomando la forma de una presencia más consistente. El  mugido - quizás resabio de alguna siesta en el campo- vibró en una curva de insistencia mayor hasta convertirse en una mosca que le retumbó en el tímpano.

El teléfono del living estaba sonando.

Como pudo, estiró las piernas. Se acarició las pantorrillas, que de nuevo parecían querer aflojarse.
Como si recién ahora se hubiera despertado, sintió en su boca el sabor rancio de la madrugada. Caminó para el baño con el impulso de ir a lavarse los dientes, pero la persistencia del teléfono la hizo volver.

-Quién carajo llama a esta hora?, se dijo mientras cruzaba el living hasta llegar a la mesa rectangular de bambú donde está el teléfono.

Al lado había un cenicero blanco que decía Sevilla 2000 y había un  portarretratos de Jorge y ella en la playa. Jorge con el torso desnudo, ella con una bikini azul fuertemente anudada en la espalda y las tiras sueltas. Los hombros de los dos, puntiagudos, desnudos, suspendidos de la línea de horizonte azul.

Cerca había una foto de los chicos, Martín con el pelo revuelto por el viento, abrazaba una perra policía. Tenía los ojos entrecerrados, parecía que le molestaba el sol. 

Se le cruzó el pensamiento de que a Martín le había pasado algo y estiró la mano izquierda para agarrar el teléfono. Chocó los dedos contra el aparato de plástico gris, el teléfono se le cayó. Con la ansiedad de ese pensamiento, una bola de sangre se pegó a la pared del pecho queriendo salir. Pensó esto no me puede estar pasando a mí, para ella la muerte siempre resultó algo lejano. Hasta cuando se murió Dady fue en un barco, cruzando el Atlántico. Lo enterró el consulado. Le pareció escuchar de vuelta los llamados del cónsul en la madrugada, para contarle de la cremación. Que había sido en una mañana gris en Ciudad de Cabo y que el cuerpo no había llegado a descomponerse cuando tocó tierra firme. Que las cenizas llegarían en el vuelo de un domingo, que nunca fue a recibir.

- A Dady todo esto no le hubiera gustado, se dijo y a través de la ventana vio el techo del Honda gris metalizado.  Murmuró algo en voz alta, como para contrarrestar el teléfono que seguía llamando, o imponer una realidad a otra. Que vendría a ser lo mismo. Se preguntó  con la voz aflautada si la mujer tirada en la calle con muchas heridas ocultas y ojos vidriosos que miraban fijo –no los vio pero podía fingir que los había visto para justificar el miedo que subía por los nudillos de la columna- era un error, algo que iba a corregirse. 

O una alucinación, parte del vaho de un sueño. 

- Mientras no conteste estoy más segura, pensó y miró fijo el teléfono que estaba tirado en un límite de los bordes de la alfombra y las vetas oscuras del piso de madera. El teléfono era su frontera. 

Cuando lo miró dejo de sonar, como si supiera que lo había puesto en una región de más afuera. Pero luego de un minuto recomenzó el timbre rítmico.

Podía oler la transpiración de su propio cuerpo mezclada con el hedor más rancio del miedo.  

Se agachó para atender el teléfono.

- Hola, dijo alguien del otro lado, sin darle tiempo a decir nada.  

No reconoció la voz. Pero no le importó, porque tampoco podía identificar otras cosas que estaban pasando. Se quedó en silencio.

- Hola, conteste!, insistió el otro, del otro lado del teléfono. Tenía un tono imperioso. A la vez parecía hablar pausado. Demasiado pausado para un llamado que insistía a las cinco de la mañana.

- Si, habla Marina, qué quiere?, apenas lo dijo se puteó a sí misma por haber dado su nombre.

Ahora el otro ahora sabía que ella estaba sola y que era una mujer asustada. Sólo una fucking mujer que está sola desliza su nombre hacia el otro lado del teléfono porque un hombre  llama a las cinco de la mañana.

- No hable alto que está llegando la policía, dijo el otro con su voz pausada.

-  Y le recomiendo apagar la luz de la cocina, el patrullero debe estar a unas cuadras nomás, no quiero que se meta en problemas.

Después cortó.

Marina dejó caer el teléfono y corrió hasta la cocina. Bajó el interruptor. Debe haberse chocado con algo duro en el camino porque al día siguiente vio que tenía un moretón sobre la cadera izquierda.

Con la espalda pegada al blanco de la pared, se deslizó hasta quedar sentada en el piso. Tenía una rara sensación por el mensaje ambiguo, protector, de el hombre de hablar pausado.

La respiración se juntó, ceñida, atrapada,  en la parte alta de su pecho clavicular.


Levantó la mirada y vio unos discos blancos que se reflejaron sobre las puertas del modular. Eran las luces reflectoras del patrullero que silencioso estacionó a metros de la entrada de su casa. 


Continuará...