31_12_2013
I
No es el calor que ciega los pastos
ni es el que riega de cubiertas
pasajes
de las barriadas.
Tampoco es el que inunda
las pupilas con una vigilia
que no cesa, no acaba.
Tal vez sean sí
las fútiles antinomias de los espadachines de
cuarta, quizás quinta
sección conurbana;
puestos a trazar algo más que
un designio de la infancia.
Es que por entre los matorrales
y el agua estanca
desenvainan sus espadas plásticas
las palabras
bravas.
A eso llamo dialéctica vacua.
II
Un chirrido áureo se despliega
como la ansiedad de
la distancia.
Es una mujer que se desalma?
pregunta alguien con
la mirada.
No.
No es humano.
Eso escaparía a
las prácticas arancelarias.
Es la chicharra.
Su canto de fuerza
profética
agota en lamentos la tarde
esmirriada.
III
Las aspas giran por sobre la cama
de dos plazas.
El halo que los baña se organiza
en una circunferencia
que de a poco los sociega
y apaga.
El espacio entre los cuerpos se dilata
como crece la brea
por entre las juntas de la
ruta.
IV
Que es la Panamericana.
La recorremos a mansalva.
Nuestro self made rally de resurrección,
en búsqueda de una playa
que significa_algo_más
que no existe en el mapa.
Así y todo intuimos que
el sonido del agua sacia.
Cuando dé la hora,
se esbozarán deseos, volátiles,
modestos, de formas ya probadas.
Que en su concepción,
sirven
de riego
al alma.
No hay comentarios:
Publicar un comentario